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Todo por la sonrisa de un niño

Uno de los niños ingresados en el Materno Infantil juega con una canasta

Son las 16:30 horas.  Los voluntarios de la Fundación Cesare Scariolo quedan a las puertas del Hospital Materno Infantil para preparar la actividad “Baloncesto en el Hospital”. Lo primero de todo es cargar el material y subir hasta la séptima planta, donde está la ludoteca, y desinfectar todo aquello que van a utilizar los niños.  José Manuel Justicia es el coordinador de voluntarios y antes de nada explica varios puntos fundamentales: “No se puede preguntar ni a los niños ni a los padres por la enfermedad que padecen, ni tampoco se les puede dar esperanza. No somos médicos”.  José Manuel nos explica cómo, a veces, los voluntarios hacen de improvisados psicólogos con los padres.  Algunos preguntan por el estado de salud de sus hijos y entonces  “hay que sacar fuerzas y explicarle que la labor de los voluntarios consiste en distraer a los niños, hacerles pasar un rato agradable y que aprendan algo de baloncesto, pero no estamos capacitados para diagnosticar a los pequeños”. También hay que dejar claras cuáles son las normas básicas de higiene para no contagiar de gripe A a ningún niño. “Hay que lavarse las manos, si se estornuda o tose poner la mano delante de la boca…, cosas básicas, pero que hay que llevarlas al extremo”.

 

Son las 17:00 horas.  Va a dar comienzo la actividad.  Justicia es el encargado de dividir en dos grupos a los voluntarios. Unos se quedarán en la ludoteca jugando con aquellos niños que puedan levantarse de la cama.  Otros bajarán a la cuarta planta para estar con aquellos que no salgan de sus habitaciones.  “Lo complicado que tiene el voluntario en esta actividad es que nunca sabes con qué te vas a encontrar, cada día es una aventura, por eso hay que ser muy dinámico y tener una gran capacidad de improvisación”, explica José Manuel.  En la ludoteca los niños aprenderán a botar y controlar el balón, mientras que en las habitaciones los pequeños pintarán dibujos, aprenderán a pintar las líneas de una pista de baloncesto, leerán cómics sobre la selección española o se atreverán a lanzar unos tiros gracias a una canasta portátil.

 

Ludoteca, 17:15 horas. Sólo tres niños suben a jugar.  Uno de ellos tiene 5 años y una gran movilidad, otro sufre una parálisis y la única niña, a pesar de poder moverse, ha de empujar su gancho con el suero.  La imaginación de los voluntarios entra en juego.

 

Planta 4ª, 17:15 horas. La primera habitación que visitan los voluntarios está siendo un éxito.  Pablo y Eduardo están felices de poder jugar con la canasta portátil y además les ha hecho mucha ilusión el poder participar de un concurso. “Intentamos motivar a los niños mediante este tipo de prácticas”, dice Jurado.  Y parece que funciona.  Los chavales en cuanto oyen la palabra ‘concurso’ se ponen manos a la obra.

 

Son las 19:00 horas. La actividad llega a su fin. En la ludoteca los niños se resigan a que haya acabado su tiempo de ocio y el niño más pequeño se aferra al pantalón de José Manuel para que se quede un poquito más.  Mientras, abajo, las enfermeras de la planta son las encargadas de hacer de jurado para elegir el dibujo ganador de una camiseta de la selección española. El trabajo se ha acabado. Los chavales han pasado una tarde divertida y los voluntarios se marchan satisfechos. “Que un padre te diga que lleva 21 días sin ver sonreír a su hijo hasta que nosotros llegamos, es lo más grande”, asegura Jose Manuel Justicia.

 

comunicacion@cesarescariolo.org











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